Lectura de la lectura en México

El tema de la lectura en México ha terminado por confundirme más de lo que antes estaba; esto viene sucediendo desde que la política y la lectura han generado notica y bulling cibernético en las redes sociales.

El caso es que no han sido pocos los intelectuales que abordan el tema desde diversas ópticas, y en buena medida lo que han hecho es presumir la cantidad de libros que ellos han leído. A la opinión de los intelectuales se suma la de un nutrido grupo de lectores, que en las redes sociales procuran evidenciar a los políticos y, a la vez, sacar a relucir las lecturas que han realizado.

Toda esta corriente de opinión ha servido como entretenimiento, evidenciando que la cultura ha sido poco tratada en los medios masivos, de manera muy especializada y sin agregarle los actuales ingredientes de morbo.

Evidentemente, me refiero a entretenimiento desde el punto de vista de las audiencias que quisieran que los temas culturales fueran cotidianos, accesibles y desprovistos de ese formalismo que todavía invade las esferas de la información cultural; aunque hay que aclarar que esta fórmula de “entretenimiento” funciona muy bien siempre y cuando sea manejada por profesionales con la voluntad de bajar del pedestal en que viven como dioses y acercarse con sencillez a la clase media cultural.

Sin embargo la confusión aumenta en cuanto entran en juego las cifras estadísticas que tienen como fuente la OCDE y la Unesco, que tras el desarrollo del estudio denominado “Hábitos de lectura” otorga a México el lugar número 107, que es el penúltimo en una lista total de 108 países. Los resultados son decepcionantes: El mexicano promedio lee 2.8 libros al año; existe una biblioteca pública por cada quince mil habitantes; el 40% de la población nunca ha entrado a una librería; existe una librería por cada doscientos mil habitantes y, finalmente, en todo México existen solamente seiscientas librerías. Todo parece indicar que estas estadísticas son erróneas debido a la desproporción de las cifras resultantes, comparadas con la extensión territorial y el total de población; pero han servido para incrementar el pesimismo en muchos sectores.

Hay que reconocer que no se le da a la lectura la debida importancia, pues no lleva implícito un beneficio económico, más bien, para muchos es un desembolso. En las escuelas de nivel superior la meta es formar profesionistas capaces de producir resultados, para lo cual la literatura puede considerarse un elemento distractor, pues persiste la idea de que leer un libro es una actividad que disimula la práctica del ocio.

Parece ser que el estado actual de la lectura en México es irreversible a corto plazo, por lo tanto es conveniente considerar a los lectores que existen en nuestro país como “especie en riesgo de extinción”, aplicando medidas que permitan, por lo menos, mantener su número en la cifra actual y no permitir que disminuya con el paso del tiempo.

Será necesario entonces crear asilos para libros, para lo cual se formarían brigadas que recorrerían casa por casa, realizando cateos para decomisar libros que solamente estén de estorbo. El resultado daría más respuestas que cualquier encuesta, pues se medirían los resultados al final de cada día.

En el supuesto de que las brigadas lograran recuperar libros, estos estarían disponibles en los asilos para que los interesados en adoptar y leer un libro acudieran y, de manera gratuita obtuvieran solamente los ejemplares que estuvieran dispuestos a leer en un mes. Acto seguido, esos libros leídos tendrían que regresar a los asilos para esperar nuevos lectores. Cada libro sería marcado en su contratapa con el nombre de cada uno de los lectores, agregando la calificación otorgada en la escala de 5 a 10.

Adicionalmente, sería obligado anotar en las solicitudes de empleo y en la de carácter curricular, el número de libros leídos en los tres últimos años.

Por si fuera poco, será necesario que los aspirantes a cargos de elección popular presenten, adjunta a su declaración patrimonial, la relación de libros leídos, subrayando los tres que hayan marcado su vida.

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Acerca de escarcega

escritor, músico, pintor, profesor de guitarra.
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