Realismo Virtual


En un momento determinado, el presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, declaró que su novela favorita era Cien Años de Soledad, escrita por Gabriel García Márquez. Esa declaración, no hecha en una feria del libro, era sincera y fundamentada; el contexto en que se hacía estaba relacionado con el retiro de la prohibición a García Márquez de visitar ese país. Bien ganada la negación de una visa como consecuencia de su amistad con el entonces mandatario cubano Fidel Castro. La CIA consideraba a García Márquez como un promotor del comunismo y por lo tanto como un enemigo ideológico.

Las cosas han cambiado notablemente, un tanto por la tolerancia que ha venido ganando terreno, y otro tanto por el incremento de la fama del escritor colombiano que el pasado 6 de marzo cumplió 85 años de vida, lo cual justifica cualquiera de sus tendencias de pensamiento.

Cien Años de Soledad se publicó en junio de 1967, convirtiéndose en un éxito editorial inmediato. La obra, considerada como representativa del Realismo Mágico, cumple con el requisito de alterar la realidad sin que ésta pierda credibilidad: Autores que cultivaron esta forma han sido: Juan Rulfo, Rómulo Gallegos, Miguel Ángel Asturias y muchos más. El realismo mágico es producto de la pugna entre la cultura tecnológica y la cultura de la superstición. Su desarrollo en la literatura hispanoamericana cubre las décadas 60 y 70 del siglo XX.

La obra de García Márquez ha sido traducida a numerosos idiomas, y su interpretación es de efectos variables según la idiosincrasia de los países destino. Es un producto exótico cultural que Latinoamérica exporta al mundo en aras de satisfacer la necesidad de lectores extranjeros por encontrar lecturas, temas y escenarios novedosos.

En nuestro contexto latinoamericano, el realismo mágico es totalmente habitual y exigiblemente creíble. Ninguna de las historias nos parece fuera de lo normal, pues las hemos escuchado a través de la tradición oral antes de leerlas en un libro, incluso, podemos llegar a tener la sensación de que las hemos vivido.

Sin duda alguna, el mejor momento para leer Cien Años de Soledad ha pasado ya. La tecnología le viene ganando terreno a la superstición, las nuevas generaciones confían más en la primera que en la segunda, pero a pesar de eso siguen buscando elementos supersticiosos en la tecnología que no obtienen en su entorno, precisamente por abandonarlo en busca de algo que finalmente encuentran en la tecnología, que si bien no puede ser llamado realismo mágico, podría, a cambio ser considerado Realismo Virtual.

Lo cierto es que han cambiado las formas pero no lo esencial. Seguramente, Cien Años de Soledad, será un referente cultural del pasado; García Márquez ocupe un nicho sagrado merecidamente ganado, y escritores de generaciones venideras retomen algunos elementos de expresión literaria para narrar las historias mágicas que les heredemos.

El mejor momento para leer a García Márquez fue ese, el de su madurez y lucidez, que inevitablemente coincidía, al menos, con nuestro esfuerzo por ser lúcidos. Un momento en el que todas las piezas del rompecabezas coincidían para armar un cuadro mágico sin la necesidad de justificarlo. Un momento en que las diferencias económicas e ideológicas podían ser mejormente explicadas usando la superstición que la tecnología.

Tecnología contra superstición; capítulo mágico en el que nuestra identidad resultó vencedora y nos premió con atributos que el tiempo nos arrebató.
Entiendo cuando alguien me dice que no le gustan los libros de Gabriel García Márquez, lo entiendo porque no solo tienen que gustarnos sus libros; debemos sentir que en ellos, aparte de las palabras, se encuentran todas las supersticiones posibles de nuestros pueblos, y que esas supersticiones fueron una especie de vacuna que nuestros abuelos nos dieron para prevenir los males que sabían llegarían algún día.

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Acerca de escarcega

escritor, músico, pintor, profesor de guitarra.
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Una respuesta a Realismo Virtual

  1. Dugutigui dijo:

    “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de 20 casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”.

    La hipérbole o la exageración, mezcla entre lo fantástico y lo real utilizando a la primera como nexo de un modo tan perfecto que ya nadie sabe donde están las fronteras de lo uno y el otro. ¡Ese es
    Márquez!

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