Emilio Fernández (unplugged)

En la historia del cine mexicano ha quedado inscrito el nombre de Emilio Fernández, como representante de un lenguaje propio que de alguna manera ha servido para definir la idiosincrasia nacional.

Hace apenas 26 años, el 6 de agosto de 1986, falleció a los 82 años, Emilio Fernández Romo, apodado El Indio, por ser hijo de una indígena kikapú y de un militar español, lo que en realidad lo convertía en un mestizo.

Mi más remoto recuerdo de este personaje no provino de sus películas, sino de lo que él se decía en mi entorno. Mi abuela me hablaba mucho de él, y no precisamente bien; solía contrastar su figura con la de Carlos Chaplin- mi abuela no hablaba inglés- dejando muy en claro que el indio (Fernández) de alguna manera era algo así como un mal necesario.

En esos tiempos de mi infancia no había más alternativas de información y entretenimiento que los periódicos, la radio y el cine; por tal razón Emilio Fernández debió de haber sido una alternativa, seguramente para muchos incomoda, para tomarle el pulso a la realidad mexicana.

Y nadie mejor que este personaje nacido en Mineral del Hondo, Coahuila, el 26 de marzo de 1904, para crear un cine representativo y seguramente honesto, elaborado a partir de experiencias personales, sin el recurso de efectos especiales y sin descaradas pretensiones de lucro.

Hay mucho de injusticia cuando se califica la obra de Emilio Fernández, tal vez se pretenda despojarlo de su condición humana para alinearlo junto a las figuras míticas de la cinematografía universal, que a su vez han cumplido el requisito de ser despojados de su propia condición humana, aislando la obra, lo cual imposibilita un conocimiento integral del contexto de creación de la misma.

Emilio Fernández debe ser considerado como un cineasta, un director de culto, y dejar en un plano secundario su actividad como actor y productor en el ámbito cinematográfico. Es deseable que su vida personal no intervenga en el momento de calificar su obra, pero sí en mucho ayuda saber que nunca se desprendió de la identidad mexicana que fue el ingrediente secreto de su creación.

Mucho tenemos que agradecerle a Fernández por su entrega sincera a un oficio que él mismo aprendió viendo cómo lo hacían los demás. Equivocado estaba cuando decía que la obra de creación artística era producto del esfuerzo individual, lo que refleja de alguna manera el poco espíritu colaboracionista de nosotros los mexicanos.

Lo cierto es que al revisar la extensa y premiada obra de este cineasta nuestro, es inevitable encontrar referencias de su propia vida. Militar revolucionario con el grado de coronel, luego disidente, ejecutor de oficios diversos en los Estados Unidos, practicante de los vicios de la no lograda revolución y luego víctima de esos mismos vicios del sistema y de los suyos personales propios.

Recuerdo que las películas de Emilio Fernández provocaban cierta aversión, principalmente las de corte rural en las que los elementos escenográficos no provenían del sastre o guardarropas de la producción, sino de las prendas habitualmente usadas por los campesinos. No estoy muy seguro, pero presiento que la llamada Época de Oro del Cine Mexicano no considera precisamente la parte más subliminalmente sórdida de las películas de Fernández.

Disfrutar en estos tiempos su creación, especialmente para los jóvenes, requiere atraer la integralidad de nuestra idiosincrasia nacional, la cual, afortunadamente sigue vigente, conserva los mismos atributos y defectos, con la diferencia de que ahora difícilmente se filma de una manera artística y con esa particular visión intimista.

El buen cine de Emilio Fernández, aunque él no lo admita, es el producto de un trabajo colectivo realizado en un contexto muy bien definido. Los cómplices directos e indirectos son muchos, entre ellos sobresalen: Sergéi Eisenstein, Gabriel Figueroa, Dolores del Río, Pedro Armendáriz, Roberto Cañedo, Fernando de Fuentes, David Silva, John Steinbeck, Columba Domínguez, Diego Rivera, José Clemente Orozco, Silvestre Revueltas, etc. etc. etc.

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Acerca de escarcega

escritor, músico, pintor, profesor de guitarra.
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