La efímera vida de los Años

AÑO NUEVO Y AÑO VIEJO

Hace días vi en Internet una imagen impactante. Era, ni más ni menos, el año 2012 pocas horas antes de terminar. El tipo se notaba cansado, prácticamente agonizante, lo cual me hizo pensar que lo menos que uno puede desear es reencarnar en forma de año, aunque tal vez, para la gente práctica esa sea una alternativa deseable.

En la ilustración, junto a ese anciano decadente se encontraba un recién nacido representando al Año Nuevo; pleno de salud sin necesidad de vacunas, pues tendrá que morir en un plazo ya conocido y de una enfermedad desconocida. La felicidad expresada en esa sonrisa no es de gusto, más bien es de angustia, pues a partir de que el cronometro inicie la cuenta progresiva hay otro que lo hace pero de forma regresiva.

Cada año nuevo viene a cumplir una tradición familiar, más bien, es el relevo de su hermano que recién ha muerto, mientras su madre deberá seguir pariendo Años de un padre aún desconocido.

Desempeñar el papel de Año debe de ser, a la vez que aburrido, muy apasionante, pero también estresante. En comparación con la escala humana, cada año, al terminar su primer mes de vida ha cumplido lo que para un humano serian 7 años, al segundo mes 14 años y así sucesivamente, sin la oportunidad de socializar, casarse y ni siquiera tener una relación sexual en toda su vida.

Los adultos mayores nos esmeramos en decir reiteradamente que el tiempo pasa muy rápido. Nunca nos imaginamos lo que estará pensando el año en curso ni el papel que juega en nuestras vidas. Seguramente tampoco tenemos una idea de lo que para el año representa la muerte, el tiempo o Dios como concepto.

Obligadamente, para un Año no aplica nuestra escala de valores morales o estéticos, pues se trata de una entidad abstracta que cada vez nos interesa menos como tal y que solamente empleamos para ubicar mejor en el calendario las fiestas y sus correspondientes borracheras.

Los Años se parecen a los “gobernantes elegidos democráticamente” en que tienen sus días contados. La diferencia es que los primeros pueden terminar su gestión y brincar a otra de manera instintiva como los chapulines. Los Años no gozan de tal privilegio, ellos sí tienen sus días contados, lo saben y me parece que lo asumen con orgullo, que es algo que le falta a los gobernantes referidos.

En realidad, los Años son un convencionalismo que venimos aplicando de mucho tiempo atrás, supuestamente basado en datos astronómicos que, en la medida que la humanidad progresa, van perdiendo sentido, pues ya no tiene caso la dependencia de los fenómenos naturales en las cosechas, pues éstas se realizarán muy pronto en laboratorios y no en los campos.

Medir el tiempo de la manera tradicional tiene sus riegos; veamos lo que le pasó a los Mayas y su pronóstico fallido, en el sentido catastrofista. Por eso, en breve se dejará de medir el tiempo. Esto sucederá cuando comprendamos que es uno de los inventos más inútiles que hemos desarrollado y, que el tiempo, en realidad no existe.

Pero los Años, a cambio de su efímera vida, gozan del privilegio de la trascendencia, atribuyéndose como propios los logros de la Humanidad. Bajo este enfoque, hay años memorables, mientras que otros se conforman en servir como meros rellenos de las secuencias formadas por décadas, siglos y milenios.

Una clasificación basada meramente en la superchería, divide a los años en pares y nones, asignando valores subjetivos de buena o mala suerte que varían de manera aleatoria en función de las acciones realizadas durante el año previo, lo cual debe atribuirse no a la casualidad sino a la causalidad y sus correspondientes karmas.

Mientras todo eso sucede, sigamos observando, practicando y disfrutando la manera en que humanizamos al tiempo, a los animales,la naturaleza, los objetos y prácticamente a todo lo que nos rodea.

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Acerca de escarcega

escritor, músico, pintor, profesor de guitarra.
Esta entrada fue publicada en cultura, Vida cotidiana y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a La efímera vida de los Años

  1. Dugutigui dijo:

    Lo cierto es que el tiempo no va a ninguna parte. Somos nosotros los que nos vamos 🙂

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