JOSÉ LUIS CUEVAS (1934-2017)

José Luis Cuevas

El pasado lunes 3 de julio, México perdió a uno de los grandes artistas plásticos en su historia. José Luis Cuevas dejó de existir a la edad de 83 años. Un tema de interés puede ser el trágico final que vivió, considerando la situación personal en la que se vio involucrado; muchos de sus amigos piensan que durante sus últimos años vivió secuestrado, incomunicado… y tal vez sometido a un confinamiento inexplicable, pero ese tema debe quedarse en el ámbito de la especulación y el misterio que, finalmente, darán el toque enigmático a la biografía de Cuevas.

Ante la variedad de asuntos referentes a este personaje, en lo particular me referiré a dos de ellos: su participación en el movimiento denominado La Ruptura, y a su aportación al arte universal. Vale la pena remarcar la importancia y trascendencia de la posición ideológica de José Luis Cuevas, expresada en el manifiesto conocido como La Cortina de Nopal, que motiva al movimiento de La Ruptura, secundado por muchos intelectuales nacionales, que cuestiona de inicio al movimiento de los muralistas (Rivera – Orozco – Siqueiros). La crítica a este movimiento nacionalista, el de los muralistas, conlleva la crítica al sistema de gobierno emanado de la Revolución Mexicana. Curiosa y contradictoriamente, la crítica afecta la imagen del Maestro José Vasconcelos, de manera que para quienes respetamos su obra e imagen, no deja de generarnos ciertas dudas.

La contraposición de puntos de vista, el de Cuevas y el oficialista, debe motivar una reflexión seria. La Ruptura se opone a un movimiento de culturización que parece ser soportado por un Socialismo tropicalizado, en gran parte planeado e instrumentado por José Vasconcelos. El muralismo puede ser visto desde afuera de nuestras fronteras; en esta óptica México genera arte de gran formato en la que se difunden logros y aspiraciones de la Revolución. Los murales son altamente valorados en el extranjero pues expresan la fuerza de un pueblo que logró romper con las ataduras dictatoriales de Porfirio Díaz. Pero la visión que de esos murales se ha tenido dentro de nuestro país quizá no sea similar a la visión extranjera. Cuevas cuestiona al muralismo por haberse convertido en una nueva expresión tiránica, casi totalitaria, convertida en propaganda oficial. Cuevas reaccionó a una provocación: la emitida por David Alfaro Siqueiros, que dijo: “no hay más ruta que la nuestra” (refiriéndose a la tendencia artística representada por el muralismo).  Evidentemente Alfaro Siqueiros expresaba en esa declaración un desprecio por la obra de caballete. Tal vez vivía los efectos de la alucinación generada por la fama internacional, pero con sus palabras cancelaba el derecho a la creación democrática, y Cuevas tuvo que defender el derecho a la autodeterminación del artista. Cabe aclarar que los muralistas, si bien son talentosos e inteligentes, se convierten de alguna manera en mercenarios, voceros oficiales y cómplices de los posibles engaños que la Revolución comenzó a gestar.

La Ruptura parte en dos la vida intelectual de México. Cada uno de los representantes de la vida cultural toma posiciones al respecto. La Historia parece que favorece a los rupturistas, pues el movimiento muralista vivió sus momentos de gloria pero perdió la fuerza socio política en pocos años, al grado de que si el gobierno optara por utilizar el Arte como herramienta de unificación en torno a sus ideales sería prácticamente un esfuerzo vano. En cambio, la autodeterminación creativa se mantiene vigente, utilizando todos los mecanismos de difusión posible y conservando en gran medida su posición contracultural.

José Luis Cuevas, logra el reconocimiento internacional con una propuesta plástica personal. Lamentablemente la atención en México estuvo enfocada en su persona y sus actividades fuera de su ámbito creativo. No se ha valorado la profunda carga emotiva de sus dibujos, los cuales no son atractivos para el observador carente de ojo crítico y sensible. Esos dibujos son, en gran medida, hermanos gemelos de la obra de Bacon o Picasso. La diferencia es que Cuevas fue un gran dibujante, y eso se le reconoció en el extranjero, mientras que en su país no se alcanzaba a comprender de lleno el mensaje implícito, tal vez porque muchos prefieren los alcatraces de Diego Rivera. En ningún momento desvaloro el talento de los muralistas; simplemente abogo por el derecho que tiene el artista de dibujar o pintar las cosas que no existen en la realidad.

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Acerca de escarcega

escritor, músico, pintor, profesor de guitarra.
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