Corazón noble y domesticable

corazon noble y domesticable

Qué difícil es percibir los cambios que vive nuestra sociedad. Parece ser que la vida cotidiana va agregando elementos mínimos e imperceptibles, que tienen una razón de ser y confirman un esquema de pensamiento muy arraigado en nosotros, que dice que, por algo pasan las cosas. Pensamiento que sobra decir, aplicamos cuando las cosas que pasan no son buenas.

La negación del cambio no es impedimento para que éste suceda, pero la resignación al cambio, cuando éste no es positivo, es una cuestión muy distinta.

Indiscutiblemente, estos no son tiempos iguales a los más recientemente vividos, pero también es cierto que son diferentes a los que viviremos mañana.

Escribo esto motivado por el reciente cambio de gobierno federal en nuestro país. Parece ser que, el sólo hecho del cambio, según la visión de muchos, es el equivalente a algo más que cambiar de pagina, sino de libro.
Visto de esta manera, todo lo aprendido, todo lo esperado y todo lo que fue sembrado, bien puede ser remitido al olvido y aplicar otra de nuestras más socorridas frases y decir: borrón y cuenta nueva.

Sin darnos cuenta, acabamos de estar, por unos instantes, sobre el filo de una navaja. Fue por la noche del viernes 30 de noviembre de este 2012. Último día laboral de la semana y último día del mes de noviembre (que visto desde la óptica fatalista es el último mes de noviembre que vivirá el mundo). A todo esto agregamos que fue el último día de gobierno de la etapa de alternancia democrática en México.

Esa noche, la palabra último, me resonaba en la cabeza, de manera que me dispuse a disfrutar de mi última cena, a fumar mi último cigarrillo de esta era, y respirar el aire de la última noche del último día del último mes del último ciclo de una modalidad de gobierno.

Una vez ultimado todo esto, nada malo sucedió al día siguiente. El mundo siguió girando. No se canceló la Navidad y, por lo tanto, mi ilusión de recibir un regalo sigue vigente.

El domingo estaría viviendo la emoción de la final del futbol. Días después tendría que darle puntual seguimiento al resultado del Teletón y, aunque sea con unas monedas, demostrar que mi corazón es noble y fácilmente domesticable.

A medio mes de diciembre tendría que hacer una cansada peregrinación en veneración de la Virgen de Guadalupe, demostrando que mi corazón es noble y fácilmente domesticable.

A partir de esa fecha, ya con las posadas en curso, estaríamos viviendo el mágico acto de recibir el aguinaldo y desaparecerlo sin que deje rastro.

Brincar la fecha del fin del mundo y librarla, sería uno de los placeres gratuitos jamás esperados, de manera que se debería de implementar como una celebración fija.

Parece que nuestra vida cotidiana está correctamente estructurada. Conecta con las redes sociales y con Televisa de una forma muy bien sincronizada. Todo lo que suceda tendrá su lado amable y una explicación justa que los corazones nobles y fácilmente domesticables entenderán.

Los mal intencionados dicen que todo esto son cortinas de humo que alguna fuerza maligna interpone a manera de distractores. Claro que así es, alguien trata de que no nos enteremos del conflicto entre Israel y Palestina, o del más reciente divorcio de Madonna.

Y como siempre, no faltarán los extremistas que cuidan el presupuesto familiar, que se limitan al beber alcohol cuando manejan, y llegan al extremo de iniciarse como ecologistas en plena Navidad, cuando, como todos sabemos, está permitido cortar arbolitos y hacer fogatas con llantas.

No me puedo quejar de nada, pero a pesar de eso, conservo aun un gran malestar y me
pregunto: ¿Por qué razón, ese primer día de noviembre fue tan triste para mí?

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Un sacerdote nos vigila

“Esta noche se presenta la Novena Sinfonía de Beethoven con el Padre Carlos conduciendo la Orquesta Sinfónica de Londres”. Este mensaje bien pudo haberse transmitido, junto a otros comerciales, en la radiodifusora XEUI, durante los primeros años de la década 60 del siglo pasado.

En realidad sólo eso faltó para estimular el ego de un personaje indispensable en la historia pasada inmediata de una ciudad que ahora es pueblo mágico, cuando, en realidad, su magia se ha ido diluyendo a la par de la magia de muchos de los pueblos del mundo.

En esta entrega vuelvo a escribir sobre el Padre Carlos, un tanto porque es substancioso su legado, y otro tanto porque he recibido peticiones concretas de seguir explorando ese tema y a ese personaje. Por lo tanto, en pleno uso de mi libertad de expresión y de los recursos adquiridos en materia de desmitificación, me complazco a mí mismo y a quienes solicitan que el tema sea ampliado.

La impresión que me causó Monseñor Carlos J. Mandujano fue buena, en cuanto representaba autoridad. Ciertamente, comparando esos tiempos con los actuales, debemos reconocer que se ha perdido en casi todos los ámbitos, la energía que produce la autoridad; esa energía se traduce en orden, disciplina y una mejor y más justa estructura social, de manera que, la carencia de la figura de autoridad ha causado lesiones a la sociedad al convertirla en permisiva.

Muchos me dirán que es correcta la anulación de figuras autoritarias y, que, en abono a la democracia, es preferible el “dejar hacer” que el “obligar a hacer”. Pero en el caso del Padre Carlos, cierto es, que su autoritarismo fue excesivo y que ahora lo consideramos como un abuso, pero que, en el momento de su ejecución fue visto como algo normal y hasta cierto punto benéfico, algo así como un mal necesario.

El Padre Carlos bien puede ser considerado el último cacique plenipotenciario en Comitán, con influencia y poder en los ámbitos políticos, económicos y, no se diga, de los religiosos.

Ostentando el privilegio de un puesto vitalicio, el Padre Carlos vio pasar gobernadores, presidentes municipales, párrocos, funcionarios, comerciantes, inversionistas industriales e integrantes de los medios de comunicación. Todos ellos, de alguna u otra manera, consideraron la opinión de Monseñor como importante y aprobatoria.

Su fisonomía y carácter, desde mi perspectiva de niño de doce años, me remitía invariablemente a relacionarlo con la imagen de un general alemán, concretamente uno Nazi. La facilidad con que cambiaba su sonrisa por un rictus de seriedad, en un instante, era un acto reflejo que hacía mantener ciertas reservas para predecir su comportamiento siguiente.

Cuando nos platicaba en clase sobre su particular afición por dirigir las obras de Beethoven, nos trataba de decir también que era un hombre profundamente sólo, incapaz de organizar su propia orquesta con músicos vivos. Fue cauteloso al no mencionar a Wagner como uno de sus compositores favoritos, eso lo hubiese desenmascarado en el acto, produciendo una turba que adelantaría la Primavera Comiteca, la cual, por cierto, todavía no llega.

Heredero de la posición histórica que dejó en manos de los frailes dominicos el manejo de las haciendas, ejerciendo el dominio sobre todas las cosas vivas puestas sobre los territorios a su cargo, el Padre Carlos, prefirió la vida urbana y, me parece, mantenerse lo más alejado de los indios y la defensa de sus causas.

Rediseñó la vieja figura del Santo Oficio, asignándole funciones menos agresivas pero igualmente ofensivas. El púlpito se convirtió en una cómoda torre para ejercer su actividad como francotirador. Era un buen orador, conocedor de la cultura y filosofías clásicas.

Esas habilidades, aunadas a su mente ágil, producían piezas de oratoria certeras, comprensibles para todos, pero lamentablemente, en la mayoría de los casos, dirigidas sin misericordia alguna hacia una persona determinada, que sin ser mencionada, gracias a la inteligencia colectiva producto de los lavados de cerebro, era plenamente identificada por la feligresía, que se daba de santos si no era usada como referencia en el sermón del Padre Carlos.

Su injerencia era tal que bien se le puede considerar como uno de los primeros críticos de cine en Comitán, aunque en realidad era un sensor que creía conocer todo sobre una película con tan sólo ver el nombre y el elenco. Personalmente le escuché decir, en su sección de cine durante la misa, que no viéramos la película “Las piernas de oro”, pues era inmoral e indecente. Lo primero que hice al salir de misa fue ir a ver los carteles del cine, donde, en vez de alguna fotografía de carácter erótico vi solamente al cómico Resortes, montado en una bicicleta de carreras, como personaje central de aquella película censurada por la iglesia.

Parecía que el Padre Carlos estaba enterado de todo lo que acontecía en Comitán y sus alrededores. No dudo que hubiese formado una red de informantes que llevaban y traían todo tipo de datos, que después eran clasificados en el bunker, al compás de la música de Beethoven, para finalmente ser utilizados en contra del enemigo en turno.

Supongo que el Padre Carlos emprendió una cruzada evangelizadora en las tierras ya de por sí evangelizadas. De haber existido en esos tiempos las redes sociales en Internet, no dudo que también les hubiese sacado el mayor provecho posible, como lo hizo con su programa La Hora de la Paz, transmitido cada miércoles, a las ocho de la noche, que ostenta el privilegio de haber sido el primer talk show, transmitido en vivo por la radio en Comitán.

Con su programa de radio, el Padre Carlos llevó a la práctica la ficción creada por George Orwell en su novela titulada 1984, con relación a la posibilidad de que el Gran Hermano viera todas y cada una de las acciones de la comunidad.

Aunque no era obligatorio escuchar el programa, se dice, que rompió el récord de audiencia y, a falta de señal de televisión, bien valía la pena, para todos, escuchar lo que decía el personaje más amado y odiado del Comitán de esos años.

El programa de alguna manera formaba parte del programa educativo de la secundaria, pues era habitual que el mismo padre nos preguntara si lo habíamos escuchado y de qué había hablado. Este hecho también debe anotarse como crucial, pues extendió el ámbito escolar a los hogares y, de paso, incursionó tempranamente en la educación a distancia.

Me quedo con la imagen de esa personalidad rígida que anunciaba la decadencia de un sistema de cosas que no podían durar más. El tiempo ha pasado y esos sucesos pasados podrán motivar hilaridad en las nuevas generaciones, pero en quienes lo vivieron de cerca, posiblemente les traiga a la mente las imágenes de su propio holocausto.

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Por esas cosas raras de la vida

Cuando esas cosas raras de la vida se convierten en cosas habituales de la vida, es el momento de reflexionar sobre lo diversos que aún somos los seres humanos.

Digo esto, porque caminando por la calle los primeros días de noviembre, me encontré que en el sitio donde estaba instalado un puesto de máscaras y disfraces para ser ofertados durante los festejos de Halloween, ahora estaban disponibles sus reemplazos, consistentes en disfraces, de nueva cuenta disfraces, pero ahora bajo la temática de la Revolución Mexicana, que se celebra cada 20 de noviembre, generalmente con un desfile que pretende conmemorar la histórica fecha con una combinación de tablas gimnásticas ejecutadas al compás de una música rítmicamente contemporánea, por lo general Luis Cobos o, en su defecto, Gangnam Style en su versión con mariachi, y coreografías ejecutadas por jóvenes vestidos a la usanza campirana de inicios del siglo XX.

Los estudiantes abandonan momentáneamente los uniformes escolares para portar disfraces que son dignos ejemplos del surrealismo que siempre ha imperado por estas latitudes. En la radio se escucha el comercial de una tienda que ofrece disfraces de Emiliano Zapata, Pancho Villa, Francisco I. Madero, o bien, un simple traje de campo similar al que portara algún anónimo combatiente durante la gesta revolucionaria, pero en una versión moderna que incluye un morral para las viandas con un compartimento adecuado para llevar el celular.

Todo tipo de accesorios pueden ser portados, siempre y cuando compartan ese mensaje subliminal en torno a la Revolución Mexicana, incomprendida en todos sus aspectos y de la cual algunos piensan que en breve dará inicio su más inmediata secuela, como si esto se tratara de la Guerra de las Galaxias.

Pero en fin, usted puede comprar, para disfrazar a sus hijos, desde un modesto calzón de manta, una falda campirana, un sombrero de palma, unos bigotes o trenzas postizos y, si el caso lo requiere, un pomo de maquillaje marca Mestizo en sus versiones moreno claro, moderado u obscuro. Pero si el presupuesto lo permite, podrá complementar el cuadro con un fusil de madera, que en lo personal lo único que me evoca es el levantamiento zapatista de 1994 y, no se porqué razón, a los bosques de Rancho Nuevo, allá en los Altos de Chiapas.

De manera curiosa y, un tanto contradictoria, los disfraces que no sean vendidos en noviembre tendrán la oportunidad de generar ganancias en diciembre, justamente en los días previos al día 12, cuando a nivel nacional celebramos a la Virgen de Guadalupe, y la fiebre por los disfraces otra vez contagie a los consumidores.

El surrealismo insiste en convivir con nosotros; no es suficiente gastar dinero en compras verdaderamente inútiles y, encima de todo esto, en el caso de los niños vestidos a la manera vernácula, se les colocan o pintan bigotes y barbas, asunto que puede considerarse como parte del realismo mágico, o bien como una especie de entrenamiento subliminal premonitorio, que compensa las insatisfacciones de la infancia.

Cuando opino que el dinero invertido en la compra de elementos mágico religiosos para la satisfacción de nuestros rituales, recibo a cambio reclamos muy enérgicos y la desaprobación de quienes consideran ese gasto como indispensable para que nuestro pasado se sustente y trascienda. Generalmente son los fabricantes de cuetes o los mismos vendedores de disfraces quienes no están conformes con el adjetivo de “inútil” aplicado al producto que fabrican o venden.

Se presenta un dilema cuando observamos las estadísticas y caemos en cuenta que el gasto nacional en enseres de carácter mágico-religioso es muy alto y bien podría aplicarse a la compra de enseres prácticos que motiven la creatividad y el progreso en vez de fomentar el sentimiento de resignación y sometimiento a lo divino que, no solamente nuestra cultura nacional, sino otras tantas similares en el mundo, conservan como ideología de vida.

No propongo terminar con las tradiciones, sino invertirles solamente el tiempo y el dinero suficientes.

Veo a las tradiciones, en la actualidad, como una alternativa de escape; una especie de magia recurrente que refleja el estado de sometimiento a las mismas, que nos impide hacerlas propias, adaptarlas a nuestro propio tiempo y circunstancia, para que evolucionen a la par de la sociedad y sean substituidas, en su debido momento, por el verdadero conocimiento.

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El Padre Carlos y Beethoven

Sin temor a equivocarme puedo afirmar que los mejores maestros en mi breve vida de estudiante fueron los del Colegio Mariano N. Ruíz, en Comitán de Domínguez, Chiapas, durante mis tres años alistado en esa institución.

El antecedente inmediato anterior en la escuela primaria, cursada en un colegio particular del Distrito Federal, solamente me había dejado algunos recuerdos no muy gratos: maestros deshumanizados, únicamente interesados en que el alumno aprendiera, compañeros distantes, casi todos ellos en franco estado de guerra mutua y constante.

En Comitán los asuntos educativos transitaban en otra vía. Por principio de cuentas el espacio disponible para jugar era lo suficientemente amplio en el interior de la escuela y, por si no fuera suficiente, el Parque de San Sebastián proveía de un área verde vigilada por los santos sin cabeza de la fachada de la iglesia.

No voy a mencionar a todos los maestros de esos tres años porque no pretendo interiorizar en sus personalidades, solamente diré que desde mi experiencia, la mayoría de ellos fortalecieron mi sentido del humor y me ayudaron a exteriorizarlo sin cuestionar algunos de mis actos irreverentes, como aquel célebre examen de Biología, o mis “obras de arte” en la clase de modelado con plastilina.

Baste decir que las cosas llegaron al extremo de que con dos de mis compañeros: Guillermo Trujillo Trujillo (Guitru) y Humberto Moreno Moreno (Humor), fundamos un club de caricaturistas que precisamente trabajaba en la hora de clase y hacía circular las historietas de banca en banca, también a la hora de las clases.

El sólo hecho de haber tolerado con paciencia esos desatinos juveniles me provoca un profundo sentimiento de gratitud y cariño, pues maestros así no se dan en cualquier lado.

El personaje antagónico de esta historia fue Monseñor Carlos J. Mandujano, cuya presencia inspiraba respeto y, en cierta medida miedo.

La influencia del Padre Carlos fue importante para mí, en lo referente a la música.
Él era un apasionado de los clásicos, especialmente de Ludwig Van Beethoven. Me cautivaba su conocimiento sobre la materia, pero a la vez me hacia repeler ese tipo de música porque no quería ser como todos esos hombres cuadrados y alineados a dogmas, paradigmas y cosas similares. Lo mio era el Rock, y de eso, a mis escasos 12 años ya estaba convencido. Sin embargo mitifiqué al Padre Carlos como no lo hice con los demás maestros.

La razón provenía de una plática recurrente en él. Nos describía con lujo de detalle la manera en que por las noches ponía alguna de las sinfonías de Beethoven y la dirigía hasta quedar bañado en sudor y exhausto.

Durante muchos años pensé que ese debía de ser uno de los placeres máximos de la vida, pero me llegó la edad madura y tuve que derribar ese mito.

Dirigir una obra musical contando para ello tan sólo con una grabación y una batuta es un acto inútil a menos que sólo se le considere como un ejercicio de calistenia.

En una prueba de laboratorio reproduje el acto y obtuve los siguientes resultados:

Uno.- El tipo de batuta, su color y tamaño es irrelevante en los resultados obtenidos, que siempre fueron los mismos.

Dos.- El Director de orquesta debe ver a la cara a los músicos y cerciorarse de que todos estén listos para iniciar el concierto, luego llamar su atención con pequeños golpes de la batuta sobre el atril, levantar ambos brazos y marcar el compás de inicio. Este requisito es imposible de cumplir cuando se dirige una obra grabada.

Tres.- El Director tiene ante sí una partitura que incluye todas las secciones de instrumentos. Se dirige a cada una de ellas en la medida que su intervención adquiere importancia en la ejecución.

Cuatro.- El Director controla el tráfico de sonidos, sonríe aprobatoriamente o gesticula cuando el caso lo amerita. Como se podrán dar cuenta, estos puntos son imposibles de atender dirigiendo a una grabación.

Cinco.- Al finalizar la ejecución el Director sabe perfectamente cuáles son los detalles de imperfección que se presentaron. Posteriormente discutirá con los músicos esos asuntos y les pedirá que mejoren en aspectos técnicos muy concretos. Evidentemente no pude, en mi experimento, obtener respuesta del disco cuando felicité a los músicos por su ejecución.

Podrían existir más razones para confirmar la inutilidad de dirigir un concierto grabado, cuando en realidad lo más recomendable es servirse un whisky y escuchar la música que uno más prefiera, aunque desde mi modesto punto de vista, no hay nada mejor que tomar la guitarra y tocar hasta quedar bañado en sudor y exhausto.

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Nuestra complicidad

Es sorprendente el número de denuncias de maltrato animal que uno puede encontrar en las redes sociales hoy en día. El abuso es evidente y documentado con evidencias que demuestran el terrible grado de insensibilidad al que muchas personas han llegado.

Quienes buscamos soluciones a este problema empleamos argumentos que no suelen ser los adecuados; por ejemplo, invocamos al cumplimiento de los derechos de los animales, cuando no tenemos una plena conciencia de que tal figura exista en la jurisprudencia contemporánea.

Los derechos de los animales, vistos por los actuales defensores de la vida, tienen un carácter moral que se combina con sentimientos nobles y una gran dosis de compasión, agregando además un deseo profundo de equidad y equilibrio en nuestro planeta.

Históricamente no podemos encontrar argumentos que coincidan en un trato justo hacia los animales. Las posiciones al respecto, en todas las culturas, han tenido como fundamento la religión, y junto a las normas morales que rigen a los hombres se encuentran las que regulan la convivencia con los animales.

No podemos ni remotamente pensar en derechos para los animales cuando éstos, los animales, dejan de tener su significado original y a través de diversos procesos y procedimientos aparecen en nuestras vidas formando parte de la comida que se encuentra entre las dos tapas de pan de una hamburguesa.

Somos mayoritariamente carnívoros. La carne proviene de los animales, y lo que menos queremos al comer carne es encontrarnos alguna parte de la anatomía del animal original en nuestro plato.

Dientes, orejas, colas, pelaje, vísceras y otros órganos que delaten a nuestra comida como un ser viviente, por lo general no son bien recibidos, aunque existen culturas que integran esos elementos al platillo que se sirve, lo cual debe ser un aliciente para los defensores de los animales, pues esto representa un acto que reivindica la condición humana, y a la vez es una acción que delata la hipocresía con que la comida industrializada asume su responsabilidad social, que parece se rige por el refrán que dice: “Ojos que no ven, corazón que no siente”.

Practicantes del esteticismo culinario y los alineados a la comida rápida, por lo general extranjeros, me han expresado su desconcierto porque en México comemos la piel del cerdo frita, a la que llamamos chicharrón. Dicen esos opinantes que el único uso que conocían para la ruda piel de los porcinos era la fabricación de zapatos, cuestión que a la vez me sorprende porque nunca he intentado hacer un taco de zapato.

Esa costumbre primitiva pero aún vigente, de saborear la carne de un animal en su más cercano estado al que tuvo en vida, sin lugar a dudas es apasionante y, es, tal vez, un ejercicio que debemos auto imponernos para que después de esa engullición nos declaremos vegetarianos.

Gran parte de los abusos cometidos en contra de los animales se producen tras bambalinas, cuando éstos son manejados en volúmenes importantes, sin ética alguna, justificándose solamente por la voracidad de los mercados, que piden cada vez más sardinas, atún, pollos, cerdos etc. etc.

La cadena alimenticia del hombre contemporáneo exige la deshumanización de ese proceso que los consumidores no quieren ver; el proceso incluye todo tipo de procedimientos para reducir tiempos y costos. El verdadero problema radica en que también se reducen los atributos alimentarios y, cada vez más, los animales pierden su divina condición de seres vivos para convertirse en chatarra una vez que llegan, en contra de su voluntad a la mesa del consumidor.

Muchos de los abusos de tortura animal que se cometen en la industria alimenticia cuentan con la tácita complicidad del consumidor. Tienen que continuar las denuncias para crear conciencia colectiva de estos actos de agresión y que sean los consumidores los que rompan la cadena dejando de alimentarse con productos que a final de cuentas le entregarán muerte a cambio de su dinero.

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El Arca de No Sé (Zoológico de Trinitaria)

Advertencia: El contenido de este artículo puede resultar incómodo para las personas que protegen a los animales y para las autoridades que cometen actos imprudenciales en contra de la naturaleza. Se recomienda discreción y criterio.

El estado de abandono de los animales del zoológico de La Trinitaria, Chiapas, puesto ante la mirada de la opinión pública en este espacio, es en definitiva una denuncia que solamente pretende brindar asesoría legal y humanitaria a esos seres que ahora, lamentablemente, han caído en desgracia.

En este artículo proporciono información de carácter público que de alguna manera complementa lo reseñado en la entrega publicada el pasado 7 de octubre en este espacio, con el título de Ayudemos al Zoológico de La Trinitaria, Chiapas.

El Acta de Cabildo levantada en sesión del H. Ayuntamiento del gobierno municipal de La Trinitaria, Chiapas, de fecha 28 de marzo de 2012, tuvo la finalidad de acordar, gestionar y hacer efectiva la baja de bienes muebles y equipo de oficina del Honorable Ayuntamiento que se encuentran en mal estado o inservibles.

El Acta en cuestión detalla 268 artículos que se encuentran en ese supuesto estado. Lo malo, verdaderamente malo e increíble, es que 54 de esos “artículos inservibles y en mal estado” son animales que habitan en el zoológico de esa cabecera municipal.

El Acta fue aprobada en esa misma fecha, sin mayores complicaciones. Los que en ella participaron, con su firma al calce de la misma, aceptan que no tienen la capacidad ni la sensibilidad para distinguir entre una mesa o una computadora que no sirven y un ser vivo que tiene derechos y es sensible al sufrimiento.

Mal principio este, porque a partir de un acto administrativo, ahora es posible deslindarse de la responsabilidad del correcto manejo de esos seres vivos.

Total, parece que da lo mismo y que el dinero, para todos los municipios escaso, es una justificación válida para cometer este acto injustificable.

La biodiversidad de Chiapas ha sido agredida en su reducto más íntimo, urbano e injusto como lo es un zoológico administrado sin Amor.

Los animales de este zoológico son rehenes de la burocracia. Siguen confinados a pesar de que la baja del inventario supone el término de una obligación mutua, entendiéndola de ésta manera: El zoológico se compromete a cuidar la integridad física y salud de la colección de animales, quienes a su vez se comprometen a lucir ante los visitantes, fingiendo que viven felices y que no extrañan su hábitat natural.

El zoológico ha dado de baja a los animales, lo que significa que no los necesita para nada, pero sin embargo los mantiene encerrados porque no saben cuál es el procedimiento que sigue.

Entiendo que en lo concerniente al equipo de oficina inservible y también dado de baja, no hay problema alguno si se mantiene en las bodegas por el tiempo que sea. ¿Pero los animales del zoológico? ¿Están esperando las autoridades que organicen su propia rebelión, rompan las jaulas y busquen su libertad? ¿Están esperando las autoridades que los animales mueran para que sea más fácil deshacerse de ellos?

Yo pregunto: ¿En cuánto me venden las computadoras inservibles?

No tengo corazón para preguntar por el precio de los animales, además, soy demasiado pobre para poder pagar la fortuna que para mí representa la vida y la libertad de esos animales.

A nombre de mis amigos animales en problemas expongo este acto equivocado e injusto:

Avestruz (2)

Conejos (4)

Cotorra Australiana (7)

Tortuga pintada (2)

Guateque Alazán (1)

Gallina de Guinea (1)

Hormiguero arborícola (1)

Halcón Cola blanca (1)

Iguana Negra (1)

Pato Pijiji (1)

Paloma Colipavo (5)

Paloma Ala Blanca (4)

Perdiz (1)

Quebranta huesos (1)

Tejón (5)

Tepescuintle (1)

Venado Cola Blanca (3)

Zorra Gris (4)

Gansos (3)

Casquito pardo (5)

Iguana de rivera (1)

Para terminar, otra mala noticia: La lista está incompleta.

¿Dónde están los monos y muchos animales más?

¿Acaso en su caso se decretó una Ley de Amnistía?

O en la peor de las posibilidades:

¿Están, pero en una lista de desaparecidos?

¿Están prófugos?

¿Los secuestraron?

¿Ahora viven en un zoológico particular?

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¡Salta Félix, salta!

Para las audiencias de la televisión fue inesperado el evento transmitido la mañana del pasado 14 de octubre, cuando la programación dominical no prometía sino que más de lo mismo.

Ese día, un hombre llamado Félix Baumgartner fue embarcado en un globo aerostático de 120 metros de diámetro, en el que ascendió hasta llegar a más de 39 mil metros sobre la superficie terrestre, en lo que actualmente es una zona despoblada denominada estratosfera.

Después de realizar algunos ajustes, se abrió la puerta de la pequeña cápsula en que se encontraba, permitiendo ver a sus pies una buena porción de nuestro planeta, incluyendo la curva del horizonte perfectamente bien delineada.

En tierra, su asesor Joe Kittinger cuidaba de cada detalle; incluso hasta del más evidente, como lo era, en determinado momento, decir: ¡Salta Félix, salta!

En este punto crucial las cosas pudieron haber cambiado de rumbo si Félix hubiese sufrido un ataque de histeria que le produjera un pánico espontáneo a las alturas, lo cual habría tenido remedio aplicando la terapia mexicana consistente en la repetición constante de frases de motivación que han resultado útiles en la política y en el deporte, como aquella que dice: ¡Sí se puede, sí se puede!

Como Félix es austriaco brincó sin mayor dificultad, e inició uno de los regresos a casa más conmovedores que pueda uno imaginar.

Odiseo tardó, según se dice, poco más de diez años en regresar a su hogar tras finalizar la guerra contra Troya. Innumerables asuntos se cruzaron en su camino, aunado esto a las pocas ganas que tenía de volver a ver a Penélope.

Pero el destino de Félix Baumgartner, en ese punto en verdad histórico y nada mitológico, estaba concentrado en la decisión de quedarse ahí, inmovilizado por el miedo, o saltar a lo que algunos llaman el vacío, pero que en realidad, como pudimos comprobar, estaba lleno de lo que comúnmente llamamos vacío.

En ese momento, el universo de Félix, su realidad toda, estaba representada por la estabilidad que le proveía el asiento fijado a la cápsula que pendía de un globo fuera de este mundo, razón suficiente como para pensar bien las cosas en un posible acto de arrepentimiento oportuno.

El éxito de la hazaña, aparte de la decisión de Félix para abandonar su posición segura, dependía de la validación científica de ciertas teorías, como aquella establecida por Isaac Newton, en 1685, en su Ley de Gravitación Universal, que se expresa matemáticamente en una fórmula muy compleja, pero que coloquialmente se explica con la frase: “Todo lo que sube tiene que bajar”, asunto que, como ya sabemos, aplica muy bien en la física pero no al precio de los productos en el mercado ni en los sueldos de los políticos.

Era necesario comprobar en términos prácticos, si la trayectoria de Félix, una vez fuera de la cápsula, sería hacia nuestro planeta o hacia otra dirección, o, en otra posible instancia, una posición geoestacionaria que hubiese creado el primer satélite humano de la historia.

Cuando Félix se liberó de la cápsula me vino a la mente la frase dicha por Neil Armstrong, el 16 de julio de 1969, al pisar la superficie de la Luna: “Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad”.

Este 14 de octubre de 2012 es posible parafrasear diciendo: “Un pequeño paso para la humanidad, un gran salto para un hombre”.

Cuatro minutos con 22 segundos duró la caída libre. La pregunta era si Félix seguía vivo, pues por algunos momentos su cuerpo giraba sin control, transformando la curiosidad en una verdadera angustia compartida por millones de personas en todo el mundo, observando una mezcla de acto circense, mediático, científico-intelectual, que tuvo un final feliz.

Independiente del tema relativo a los records, lo realizado por Félix Baumgartner, representa una muestra del potencial creativo de los seres humanos, aplicado a la manipulación de los elementos a su alcance.

Mientras eso sucede, una gran parte de la población humana seguirá pugnando por soluciones de carácter filosófico para resolver sus problemas. Ese es el dilema.

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Comitán y la música

En la actualidad un gran número de músicos nacionales y extranjeros guardan recuerdos muy especiales de sus actuaciones en el estado de Chiapas, muy particularmente de las presentaciones en festivales culturales de carácter internacional.

La razón de este sentimiento de cariño muy especial proviene de la generosidad de las audiencias, que validan el contexto social, cultural e histórico de un estado que merecidamente puede considerarse extraoficialmente como un país más de Centroamérica.

La sensibilidad de las audiencias chiapanecas le viene por tradición. Puede ser que el aislamiento provocado por las escasas e ineficientes vías de comunicación haya generado un estado de autosuficiencia cultural que se logró una vez superada la autosuficiencia alimentaria.

Sin embargo, nunca se estableció una barrera que limitara la entrada o salida de productos culturales; se puede decir que la balanza cultural de Chiapas se mantuvo siempre en un saludable equilibrio, de manera que ingresaban manifestaciones de calidad y a su vez se exportaban, en el aspecto cualitativo, productos culturales de excelente manufactura.

El cine nacional y los catálogos de las disqueras transnacionales dan cuenta del peso de la cultura chiapaneca en todo el mundo. Visto desde este enfoque, no debe sorprendernos el valor de la aportación chiapaneca a la cultura nacional e internacional.

En la vida cotidiana de las comunidades, en su momento, no se hacia un balance o algún acto de reflexión sobre este hecho, simplemente se aplicaban controles de calidad impuestos tácitamente por la misma sociedad para evaluar y adoptar formas culturales exógenas.

A mediados de la década 60 del siglo XX, en Comitán de Domínguez, prevalecía un gusto muy particular por la música norteamericana; la orquesta de Glenn Miller era un referente que bien podía disfrutarse en su versión original a través de discos, o bien en su traducción al chiapaneco cuando la marimba más célebre de la ciudad tocaba en vivo Patrulla Americana.

En esos tiempos de autosuficiencia musical la marimba era el remedio para solucionar las posibles molestias que le causara a un visitante las 24 horas, o más, de viaje en autobús del Distrito Federal a Comitán.

Aún con estos inconvenientes, las caravanas artísticas, en sus momentos de mayor popularidad, se presentaron en el Cine Comitán, inaugurando de alguna manera un circuito de extensas giras que dejaba a su paso mujeres suspirando de emoción, y que de alguna manera motivó vocaciones artísticas de carácter popular que encontraron el mejor foro de desarrollo artístico en los programas de aficionados de la radiodifusora XEUI Radio Comitán, fundada en 1963, y que en buena medida cultivó la tradición de programar música selecta.

Como anécdota anoto que, para ciertas audiencias fue complicado encontrar la frontera entre una orquesta moderna y una de carácter clásico, de manera que me enteré, en mi paso por la radiodifusora XEMIT (1988), que para una gran mayoría del auditorio, nuestro programa de sobremesa musical, con música instrumental, era considerado un programa de música clásica. El asunto se resolvió de la mejor manera posible cuando incluimos en la barra matutina el programa Opus Musical, con verdaderas obras clásicas, que el IMER nos mandaba en cintas de carrete abierto.

Afortunadamente los gustos de las audiencias por mucho tiempo estuvieron fuera del alcance de la amenaza latente de la música popular de mala calidad. El esquema básico de lo que se escuchaba o transmitía a nivel local de la radio, era música ranchera, marimba, instrumental selecta e, inevitablemente, las canciones que las disqueras nacionales promovían a nivel regional.

Este criterio de control de calidad trabajaba a favor de la cultura, en parte, pues a la vez que filtraba expresiones de escaso contenido, también lo hacía en contra del rock.

Puede que haya sido falta de capacitación en los programadores, aunada a la falta de promoción cultural con una visión más integral, pero lo cierto es que la frágil frontera proteccionista no pudo contener más el flujo de productos culturales, y en un dramático momento ese dique se fracturó, dejando que las corrientes se contaminaran para la mala fortuna de las audiencias y para el beneficio de unos pocos.

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Una antigua canción llamada Love Me Do

El aniversario número 50 de la canción “Love Me Do”, de The Beatles, provocó una numerosa serie de eventos y comentarios en medios de comunicación y redes sociales.

Son numerosos los acontecimientos conmemorados en el marco de la cultura popular internacional hoy en día; se recuerdan lanzamientos de discos, estrenos de películas, nacimientos y fallecimientos de personalidades del espectáculo, del deporte y del desarrollo tecnológico. Todas estas remembranzas están ligadas al pasado reciente, ninguna va más allá del siglo XX.

El rock es uno de los géneros populares que con más frecuencia aporta elementos para estas conmemoraciones, lo cual demuestra el gran peso cultural y financiero que ha logrado desarrollar en poco más de 50 años.

De igual manera se subastan, a muy buenos precios, artículos personales que pertenecieron a celebridades del mundo del entretenimiento, creando, en conjunto, un cumulo de información que abastece a los habituales consumidores de noticias chatarra.

Me parece hasta cierto grado injusto el detallado seguimiento, con un gran rigor estadístico, en torno a cualquier acontecimiento que a final de cuentas no aporte fortaleza a la cultura general de los individuos.

Parece ser que ha dejado de tener valor todo lo acontecido cronológicamente más allá de la frontera mediática que le acomoda a las audiencias contemporáneas. El interés actual por los creadores y su obra me parece que está demasiado limitado y excluye los referenciales históricos en todas las disciplinas del Arte, creando la falsa idea de que lo contemporáneo es lo único que puede interesar a las grandes audiencias.

Detrás de todo esto hay quien dice se encuentran síntomas de una sociedad en decadencia. Parece ser que la revisión del pasado inmediato es la única alternativa para explicar el posible futuro de la cultura basada cada vez más en el entretenimiento que en la formación.

Por otra parte, este comportamiento también puede interpretarse como la etapa temprana de la formación de los nuevos clásicos, entendiendo esta condición como la integración de elementos culturales del pasado reciente al archivo general de cultura de la humanidad.

Podemos considerar que la realidad puede ser la mezcla de ambas posibilidades: por una parte la creación ha llegado a un punto ciego tras agotar todas las variantes de creación en todas las ramas del Arte. Este estatus crea un sentimiento de estancamiento que ofrece más posibilidades en la retrospección que en el avance buscando formas novedosas.

Por la otra parte, la sociedad tiene que validar el trabajo colectivo realizado durante el siglo XX, dejar sentado que no fue un tiempo perdido, que naturalmente no lo fue, y delimitar la obra producida en ese lapso a manera de insertarla en la línea del tiempo de la historia del Arte.

Estos serán años, muy pocos, de reflexión colectiva; veremos desaparecer en su forma física a numerosos creadores que han dejado de producir y por el momento envejecen, esperando su turno para el último viaje: músicos, actores, pintores, escritores, poetas, todos los creadores posibles del siglo XX son insustituibles.

Los ahora contemporáneos desaparecerán físicamente, pero su obra, de alguna manera perdurará. Se crearán estratos de memoria, lo cual significa que habrá creadores cuya obra tendrá una trascendencia breve y se irán olvidando para dejar en los sitios privilegiados de la memoria colectiva a muy pocos elegidos que, a final de cuentas, serán simbólicos de un periodo de desarrollo cultural que podrá ser definido por sus dos guerras mundiales, los rompimientos, el Rock, cambios en la vida sexual, violencia, drogas y, sobre todo, por un inesperado desarrollo tecnológico que hizo posible que el hombre diera el primer paso adelante en la búsqueda de la inmortalidad.

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Ayudemos al zoológico de La Trinitaria, Chiapas

Programa Al Día, XHCTN Radio

A través de este medio expongo un caso particular que me ocupa y mueve a difundirlo para su conocimiento y pronta intervención de las autoridades correspondientes.

Se trata de los problemas que actualmente enfrenta el parque recreativo Zoológico El Sabinal, ubicado en La Trinitaria, Chiapas, cabecera del municipio del mismo nombre, ubicado en la región fronteriza del estado.

Esta semana, Guadalupe Albores envió un correo a distintas instancias ciudadanas, dando a conocer la situación en los siguientes términos:

“Hace unos días estuve de vacaciones y visite después de muchos años al zoo de la trinitaria, por cierto llevé a mi hijo (que ya tiene año y medio), lo llevé para que conociera y conviviera con el medio ambiente, y ahí es donde comenzó la idea y necesidad de escribir esta nota, que espero sea leída”.

Lupita continua describiendo el problema: “Busqué algunos animales que recordaba y ya no estaban; la guacamaya “Bambucha” está tan estresada que se ha quedado sin plumas en el pecho y ya viene la época de frío, las boas están en jaulas de malla, donde cualquier persona puede picarlas con un palito y en el mismo espacio hay basura de Sabritas, platos de unicel y hasta latas.

“En otra jaula de malla de aproximadamente un metro de largo por medio metro de ancho hay tres zorras grises, que viven sólo en un extremo de dicho lugar porque en el otro hay un cúmulo enorme de excrementos. Vi un coyote, los cuidadores del zoo me dijeron que perdió una patita cuando se lastimó con la cadena con la que estaba atado y el día que fui se notaba lastimado el ojo y en el lomo una herida de unos 5 centímetros de diámetro, sangrando.”

“Un mono araña muestra un comportamiento estresadísimo porque sólo esta dando vueltas y vueltas en su casa; algunas jaulas sí se notan mejoradas, pero otras de plano están para llorar…

El reporte finaliza con estas palabras: “Espero que alguien me diga qué hacer o conozca a alguien a quien se pueda acudir para evitar este abuso a los derechos de los animales…”

En respuesta al S.O.S. de nuestra amiga, lo primero es que la opinión pública se entere de la situación y abramos una CAUSA que sea canalizada a través de las redes sociales, de la misma manera en que otros usuarios lo hacen como una forma alternativa y ciudadana para resolver problemas específicos.

Me atrevo a sugerir, además, que se haga uso de la misma herramienta que sirvió para posicionar al zoológico de La Trinitaria. Esa herramienta es la radiodifusora XHCTN (89.9 Khz. Banda de F.M, del Sistema Chiapaneco de Radio Televisión y Cinematografía, del Gobierno del Chiapas).

El zoológico de La Trinitaria vivió sus mejores momentos cuando lo dirigió Marla Guerrero. En esos años fue posible, gracias al entusiasmo del personal del zoológico y de la radiodifusora, establecer un mecanismo de difusión que culminó en la transmisión de un programa semanal de una hora, que se distinguió por tener en vivo, en los estudios de la radio, a alguno de los habitantes del zoológico.

El programa era tan interesante como para atraer a visitantes a las instalaciones de la radio y, espero, una audiencia exigente, conocedora y comprometida.

Ese programa tenía varias secciones; una de ellas daba a conocer los acontecimientos sociales de los habitantes, de manera que teníamos el reporte de primera mano de las travesuras de los monos o el estado de salud, e inclusive el fallecimiento, de alguno de los inquilinos. No podía faltar una entrevista al animal invitado, asunto del cual sólo Bambucha, la guacamaya, salió bien librada al pronunciar algún breve monólogo que nada tenía que ver con la pregunta que se la había hecho.

En cierta ocasión nos enfrentamos al reto de comer tenebrios (tenebrio-molitor), lo cual fue un acontecimiento radiofónico y una experiencia gastronómica muy especial, pues el comerlos se convirtió en un acto simbólico de nuestra amistad y compromiso con Marla y sus entenados.

Acudo a los recuerdos gratos de esos años para recordarles que los verdaderos amigos se conocen en los momentos difíciles. Los habitantes del zoológico nos necesitan ahora, bien para que su hábitat sea regenerado o que se les traslade a otro sitio si es que no hay presupuesto o voluntad por parte de las autoridades del municipio para mantener ese recinto.

Independiente al problema que viven los animales sobrevivientes, quiero expresar mi preocupación por el futuro que pueda llegar a tener el ecosistema de El Sabinal, que aún si llegara a perder su condición de parque recreativo, seguirá siendo un entorno natural que no debe sufrir modificaciones en su modalidad de uso de suelo.

Ese espacio no es habitado exclusivamente por los animales cautivos; existen individuos de diversas especies que se suman a la demanda de respeto a sus derechos. Por lo tanto, nuestra preocupación debe encaminarse no solamente al futuro de los animales del zoológico, sino al futuro del ecosistema completo.

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